Uno de los males endémicos que tiene la ciudad de Lugo es que, aún a pesar de lo pequeña que es, no te enteras de muchas actividades o iniciativas que se desarrollan en ella, y si lo haces, te enteras tarde. Un ejemplo claro es el del club de “Vitis Lucus” (inaugurado en 2005) ubicado en pleno barrio de vinos de nuestra amurallada ciudad. Recientemente he participado en varias de las catas que este club organiza, en un entorno y ambiente inmejorables con distintas actividades, a cada cual más instructiva para mi desentrenado paladar.
    La semana pasada participé en un taller muy especial: uno dedicado a la gastrosexología, una disciplina psicológica centrada en la relación inherente de sensaciones entre la comida y el sexo.
 
gastrosexologia
 
    Estructurada como una cena, el taller fue dirigido por la sexóloga y psicóloga Mónica Novas (y su ayudante, “Osiris“) en el que se iban intercalando fragmentos de películas gastronómicas/eróticas relacionadas con los distintos puntos que iba abordando (por ejemplo, el cómo una comida nos recuerda a una etapa de nuestra vida o a una persona en concreto que ya no está acompañado de un fragmento de “Ratatouille” en el que se veía a un crítico gastronómico volver a su infancia en la casa de su madre probando un bocado del plato que estaba analizando).
     Los platos que pudimos degustar durante la cena también tenían su simbología y estaban en total coherencia con las opiniones de Mónica. No recuerdo ya todos, pero probamos:
 
1.- Espárragos cojonudos con huevas falsas de caviar y una reducción de lima
2.- Voulovants de guacamole con sardinilla ahumada
3.- Tostas de queso de cabra
3.- Filloa de lacón y queso de Arzúa/Ulloa
4.- Crema de vainilla
5.- Trufas con reducción de Pedro Ximénez y Peta-Zetas
6.- Brochetas de fresas con gelatina de Albariño
 
    Me gustó especialmente la parte de “blind dinner” que acompañó a la crema de vainilla y que se desarrolló hacia el final del taller, en la que nos cubrimos todos los ojos con antifaces y pañuelos para adivinar qué ingredientes llevaba susodicha crema. Al final, hubo una comensal que acertó el último componente (del cual no me acuerdo) y fue recompensada con un delantal preparado para la ocasión.
    Como no podía ser de otra forma, toda la cena estuvo acompañado de distintos vinos blancos, tintos (Albariño, Penedés, etc) y dulces para los postres perfectamente explicados por Mercedes González, la presidenta del club.
    Sin embargo, cuando parecía que ya estaba todo dicho en la cena, Mónica nos sacó un tarrito con flores que parecían manzanilla para que las masticásemos. Nada más alejado de la verdad, las flores eran en verdad “flores eléctricas”, una especie muy ácida en el contacto con el paladar, pero que deja una “sorpresa” al cabo de un rato de estar masticándolas. Probadlas porque son muy curiosas.
 
flor_1
 
 
    La cena finalizó con unos caramelos de fruta (ricos, pero esta vez sin sorpresa).
   Lo cierto es que fue una experiencia muy recomendable y distinta (que es algo que me estoy dando cuenta que cada vez necesito más).
 
PD: Bajo un titular no muy acertado, La Voz de Galicia se ha hecho eco también del taller.
 
 

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