Para comenzar a hablar de Origins (Ubisoft, 2011), hay que cerrar los ojos e imaginar que somos pintores con un lienzo de tela en blanco delante de nosotros, y que nuestra misión es crear la acuarela más bella del mundo y que represente un mundo onírico con personajes y construcciones imposibles.

Ahora imaginaos que sois un animador, pero no uno con herramientas informáticas de última generación que despersonalizan vuestro trabajo, sino uno de Disney de los años 60 de los que dibujaban a lápiz y carboncillo sobre un conjunto de hojas de papel que pasáis una y otra vez para simular el movimiento. Imagináos que os piden vuestro mejor trabajo, algo que las técnicas de movimiento con motion capture no puedan ni sepan nunca imitar.
 
Dentro de este ejercicio onírico que os estoy proponiendo, imaginad ahora que sois un reputado director de orquesta y que os piden que hagáis un ejercicio mental e inventéis un lenguaje propio para todos los seres del universo que se está fraguando…algo parecido a lo que debió pedir Will Wright con el simlish.
 
Ahora abrid los ojos, coged el mando de la 360/PS3/Wii/PC/3DS (bueno, esta última cogedla entera), meted el disco de Rayman Origins y preparaos a encontraros con el resultado de los 3 artistas que acabo de descubrir y con más, mucho más.
 
Porque, señores, nos encontramos ante el mejor juego de plataformas 2D hasta la fecha de la actual generación de consolas. Michel Ancel y su personaje Rayman lo han vuelto a conseguir. Nos han vuelto a enamorar, igual que nos habían enamorado con su primera y segunda entrega en 1995 a todos aquellos afortunados que poseíamos una Playstation.
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¿Cómo se consigue esto?:
Pues básicamente con unos gráficos con estética cartoon sencillamente perfectos, con unos personajes bizarros a la vez que entrañables y un control delicioso, que funde las distancias entre el input del jugador y el output de nuestro protagonista hasta el más preciso milímetro.
Argumentalmente (aunque no importe mucho), la historia nos sitúa en una apacible tarde de verano en la que Rayman y su amigo Globox (personaje que ha sido toda una revolución entre los fans de la saga y que se recupera de anteriores entregas) se están echando plácidamente una siesta en el Claro de los Sueños cuando el villano de turno interrumpe dicha orgía melódica de ronquidos y corrompe a varios de los habitantes de su mundo, aprovechando, a su vez, para secuestrar a los Lums y enjaularlos (como no podía ser de otra forma).
A partir de aquí, nosotros tenemos el deber de restaurar el orden en dicho mundo, atravesando 8 mundos de una dificultad muy asequible (salvo quizás las revisiones que haremos de los mismos una vez pasado el 60% del juego) y rescatando a la mayor cantidad de Lums que nos sea posible (hay un total de 220 encerrados). La temática de estos niveles es tremendamente variada, pasando de espesas junglas a escenarios árticos llenos de fruta congelada, volcanes llenos de diablos cocineros o desiertos llenos de ritmo.
 
Jugablemente, no váis a querer soltar el mando durante las 10-12 horas que os llevará acabároslo parándoos mínimamente en encontrar las 3 jaulas que pueblan cada una de las fases de estos mundos. La respuesta al jugador es sublime (sobre todo es una maravilla en las fases acuáticas), respondiendo Rayman/Globox al segundo y al milímetro a nuestras órdenes. Encima, el modo cooperativo (eso sí, local) está muy bien implementado y es divertidísimo.
15438Resumiendo, un juego que rezuma amor retro a 720p y 60Hz clavados durante todo el tiempo; gráficamente impecable, adictivo y rejugable hasta el infinito y divertídisimo,
Rayman Origins se erige como el nuevo camino a seguir en los plataformas 2D cartoon que estén por venir; simple y llanamente.
 
Michel Ancel, merci beaucoup.
 
PD: Post publicado originalmente en VamosaVidas. Si queréis leer (o escuchar) lo último en , pasáos por allí. 😉
 

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