Si hay un género por el que siempre he sentido especial predilección ese ha sido el de , sea cual fuere su manifestación artística. La suma de microimpactos emocionales que me hace sentir compensa, con mucho, los “malos” ratos que las imágenes perturbadoras o la tensión constante me generan.

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Pero si hablamos de imágenes perturbadoras, no podemos alejarnos mucho del imaginario japonés, trufado de almas en pena y espíritus que vagan siempre por el rabillo del ojo. Es una evidencia que el terror japonés constituye un género en sí debido a su estética y a la riqueza de su folklore milenario. A comienzos de los 2000 en Occidente tuvimos una auténtica invasión de historias de fantasmas atormentados de pelo largo, niñas que salían de pozos (o depósitos de agua) o familias atadas a una maldición que se repetía a lo largo del tiempo. En mi retina quedarán para siempre Dark Water (Hideo Nakata, 2002), Ringu (1998, Hideo Nakata) ó Ju-On (Takashi Shimizu, 2000).

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Asimismo, en el terreno del pudimos disfrutar con la obra del considerado padre del ero-guro: Suehiro Maruo (1956-)  o con la perturbadora visión de Hideshi Hino (1946-). “La sonrisa del Vampiro” (Glenat, 1999) y “El niño gusano” (1999, Norma Editorial) deben figurar en la biblioteca de cualquier aficionado que se quiera adentrar en la particular y retorcida visión de estos autores.

A pesar de esto, el subgénero del terror psicológico aún no había encontrado su punta de lanza; ese autor referente que, al igual que los antes mencionados, encajase con el público a ambos lados del Pacífico. Por suerte, a finales de los 90 llegaría el autor que considero mejor ha sabido plasmar el terror con mayúsculas en las viñetas de un manga: .

Junji Ito nació el 31 de julio de 1963 en la prefectura de Gifu de Japón. Se inspiró desde muy joven por los dibujos tanto su hermana mayor y la obra de Kazuo Umezu. Comenzó a escribir y dibujar manga como un hobby mientras trabajaba como técnico dental en la década de los 90. En 1987, se presentó un relato corto de Gekkan Halloween que ganó una mención honorífica en el Premio Kazuo Umezu (teniendo al propio Umezu como uno de los jueces).

Además de Kazuo Umezu, Ito ha citado a Hideshi Hino, Furuka Shinichi, Yasutaka Tsutsui, y HP Lovecraft como principales influencias en sus obra más famosas (en “Voces en la Oscuridad” –Yami No Koe- creo que es donde queda más patente la influencia lovecraftiana).

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Algunos de los temas recurrentes de la obra de Ito incluyen la sangre, personajes aparentemente normales que comienzan a actuar irracionalmente, la ruptura de la sociedad como escenario último y la inevitabilidad de la propia muerte bien a manos de seres extraterrenales o del encuentro de los protagonistas con lo que no debería estar ahíEl universo de Ito es también muy cruel y caprichoso; sus personajes se encuentran a menudo víctimas de malévolas circunstancias antinaturales sin ninguna razón discernible o castigadas de forma desproporcionada.

De entre su prolífica obra (compuesta por más de 20 tomos publicados entre 1997 y 2009) yo destacaría la siguiente selección:

  • Black Paradox, en la que, bajo la premisa de un club del suicidio, comenzarán a desarrollarse situaciones de lo más surrealista.
  • Tomie, una serie que narra la historia de una niña inmortal que impulsa a sus admiradores afectados a la locura.
  • , una serie de tres volúmenes sobre una ciudad obsesionada con espirales.Adaptada también a película de imágen real.
  • , una historia en dos volúmenes en la que un pueblo costero japonés es invadido por peces muertos con prótesis mecánicas.

Por último, me mojo con unas breves recomendaciones:

  • ¿Con qué empiezo? -> Uzumaki, sin duda, narrativamente muy inspirada, larga, no excesivamente morbosa y con un final soberbio. Para mi gusto, un punto por encima de Gyo.
  • ¿Mi personaje preferido? -> El niño risitas de “Voces en la Oscuridad”; un amor de criatura. La viñeta en la que os lo encontréis no la olvidaréis fácilmente.
  • ¿Qué puedo leer cuando haya acabado esto? -> En la actualidad, Shintaro Kago lo peta (“Reproducción por mitosis” es soberbia pero hay que leerla como las pastillas, antes de las comidas) así como Masaaki Nakayama, el considerado el sucesor espiritual de Ito (“Semillas de Ansiedad” es una colección de relatos cortos que, recientemente, llegó a España traducida) pero si queréis ir a los clásicos, los ya mencionados Hideshi Hino (“El niño gusano”) ó Suehiro Maruo (“La sonrisa del vampiro”) no os defraudarán.

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